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Los eventos de comunidad reflejan la tendencia

La próxima celebración de Codemotion Madrid 2026 ha confirmado lo que muchos anticipábamos: la GenAI ha dejado de ser una promesa en fase de prueba de concepto para convertirse en pieza clave de la estrategia corporativa. Si en 2024 solo una décima parte de las conversaciones técnicas del evento Codemotion giraban en torno a la IA, el hecho de que hoy representen una cuarta parte del contenido refleja una adopción vertiginosa que supera cualquier revolución tecnológica previa por su velocidad de propagación casi instantánea.

Sin embargo, este despliegue técnico masivo trae consigo un problema estructural que las organizaciones no siempre abordan con la misma rapidez: la obsolescencia de las habilidades tradicionales. La verdadera disrupción de la IA no reside solo en su capacidad de procesar datos, sino en su facultad para automatizar tareas cognitivas y decisiones que antes eran exclusivas del ser humano. Esto sitúa a la fuerza laboral en un punto de inflexión donde el reskilling no es una opción de mejora continua, sino una necesidad de supervivencia profesional ante una tecnología que imita nuestra forma de razonar y crear.

Para gestionar esta transición, es fundamental comprender que el perfil del profesional de alto valor está mutando. Ya no se premia únicamente la especialización técnica en un nicho estanco, sino la capacidad multidisciplinar de integrar soluciones de IA dentro de una visión estratégica. La gestión del talento debe pivotar hacia el reentrenamiento de los equipos actuales, fomentando lo que denomino «habilidades intrínsecamente humanas» como el pensamiento sistémico, la ética y la inteligencia emocional, que son precisamente los elementos que la IA no puede replicar con facilidad.

Estamos entrando en una fase de maduración donde las empresas buscarán maximizar la eficiencia operativa. En un primer momento, veremos el modelo de «hacer más con los mismos», donde la IA aumenta la productividad individual de la plantilla existente. No obstante, si no se acompaña de un plan de reeducación profunda que permita a los trabajadores realizar tareas de mayor valor y juicio crítico, el riesgo de evolucionar hacia un escenario de «hacer más con menos» es latente, lo que podría derivar en desajustes sociales y laborales significativos en los próximos años.

La conclusión es clara: la tecnología ya está aquí, pero su éxito real dependerá de nuestra capacidad de adaptación. Debemos dejar de ver el aprendizaje como una etapa inicial de la vida para convertirlo en un proceso de actualización constante. Solo mediante una inversión estratégica en la formación de competencias humanas esenciales y en la alfabetización funcional sobre la IA, podremos asegurar que esta revolución tecnológica sea una palanca de crecimiento equitativo y no un factor de exclusión.

Por Mario Cortés

Especializado en proporcionar una visión tecnológica a las estrategias digitales de las compañías. Con más de 15 años de experiencia como consultor en el mundo de la tecnología, se ha centrado en aportar soluciones de colaboración y de negocio.
Galardonado como Microsoft Most Valuable Professional en Office 365 desde el 2011 al 2018, he participado en múltiples conferencias y artículos tecnológicos.